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martes, 9 de mayo de 2017

Las chicas del cable, ¿serie feminista?



Cuatro mujeres que buscan su lugar en el mundo laboral como telefonistas, cada una motivada por una razón distinta y todas ellas con obstáculos que tendrán que superar para poder trabajar en un Madrid de los años 20 que no veía con buenos ojos a las mujeres que tenían un oficio. Las chicas del cable han llegado a la capital para hacerse valer, y no piensan marcharse.

Seguro que a todos les suena el título de esta serie. En las últimas semanas ha estado en boca de todos, y no por ser la primera producción española con Netflix, sino más bien por la polvareda que ha levantado el paso de sus protagonistas por El Hormiguero (las mujeres se dividen entre las que saben perrear y las que no, claro que sí, Pablete) o las polémicas declaraciones de Yon González, uno de los actores del reparto, sobre el feminismo (huelga decir que no son buenas).

Y es que Las chicas del cable ha querido presentarse como una serie con sello feminista. Está protagonizada por cuatro mujeres (y punto, porque Martiño Rivas y Yon González NO son protagonistas pese a que se los describa como tales) y centrada en sus vidas y su lucha por seguir trabajando como telefonistas. Un fantástico comienzo para ser una serie que pretende ser una abanderada del movimiento violeta. Sin embargo, poner a cuatro mujeres al frente de una producción tan importante no es lo único necesario para autodenominarse "feminista". De ahí mi pregunta: ¿es Las chicas del cable una serie feminista o sólo ha querido subirse al carro?



Respondo según mi opinión y con medias tintas: un poco de ambos aspectos. Dependerá en gran parte según el espectador, como suele ocurrir siempre, y su visión del concepto de feminismo. Gustándome como me gustan las listas, haré una clasificando la serie en función de la que yo creo que será la opinión de cada perfil de público.

1. Feministas: me incluyo en este grupo sin lugar a dudas. Aquí viene el análisis más difícil, pues yo me he encontrado en una encrucijada. He visto la serie con mucha ilusión por cómo la habían vendido y para dar un empujón a la visibilidad del feminismo en grandes producciones como ésta; he tratado por todos los medios verla a través de un cristal de positivismo y esperanza. Mala noticia: Las chicas del cable NO es feminista (y las compañeras de Píkara están de acuerdo conmigo). Sí es un soplo de aire fresco, y es cierto que el protagonismo, para variar, recae en los hombros de cuatro mujeres. La serie trata sobre sus vidas y sus conflictos, no se corta ni un pelo en mostrar de manera cruda y sin tapujos cómo era la vida tan castrada de las mujeres españolas de los años 20. Me ha gustado muchísimo ese intento por dar visibilidad a nuestro género, y el concepto en sí me atrae (atraía) bastante.

Pero Las chicas del cable no deja de ser una telenovela y a cualquier feminista que se precie le parecerá irrisoria su asociación con el término. Se trata de un Velvet 2.0, o como sea el culebrón español de moda. Y ahí tenemos a la que lleva la voz cantante, Lidia (el personaje de Blanca Suárez), cuya historia es un triángulo amoroso complicado. Y caemos de nuevo en las mismas; siempre que el protagonismo lo tiene una mujer hay que añadir una historia amorosa para poder darle fuerza al argumento, como si por sí misma no se bastase. [SPOILER: debo decir, sin embargo, que el final logra maquillar un poco este detalle, pues al final Lidia antepone a sus amigas a su romance, una ejemplar demostración de sororidad].

No, no y no. Si quieres vender una serie como feminista, hazlo bien. Cuatro mujeres y sus ovarios, nada más. Con una serie que demuestra que los años 20 no están tan alejados de los actuales pese a que haya pasado casi un siglo. Con unas actrices que al menos se dignen a saber en qué consiste el movimiento feminista (no abráis el enlace si no queréis llorar). Con un actor que no equipare el machismo con el feminismo. Con una productora que en pocas semanas no empiece a sentir miedo de que el título se relacione con la palabra "feminista".

Es triste, porque a veces se atisba una pizca de rebeldía y transgresión: personajes lésbicos, charlas en el Liceo, mención a las sufragistas, apariciones fugaces de Victoria Kent, cuatro mujeres apostando por sí mismas y su amistad... Todo fachada. La serie no pretende hacerse un hueco siendo diferente, sino que ha querido apostar por lo mismo que tenemos todos los días en la sobremesa de nuestro país. Pero no quiero pecar de exigente y elitista, y sí creo que esta serie puede ayudar a las personas que aún no han entrado en contacto con el feminismo a descubrir este maravilloso movimiento, a despertar alguna conciencia, aunque sólo sea a través de un cristal que, más que violeta, diremos que es un lila desteñido.

2. Machistas: ¿para cuándo una serie que refleje los problemas de los hombres? Mimimimimimi.

3. Seriéfilos: no creo que encuentren mucho atractivo en una serie que repite fórmula (insisto, Velvet 2.0) y que no arriesga. Las chicas del cable es un culebrón porque su principal motor son las relaciones personales de las protagonistas. No se adentra en temas más profundos como (ejem) el feminismo y la lucha de las mujeres por empoderarse en una época en la que necesitaban el permiso de su marido para sacar dinero del banco, la Guerra Civil a punto de estallar, la convulsa y preciosa historia moderna española, los avances de la época (como el Rotary, que sólo sirve de excusa en la serie), los personajes que aún recuerdan nuestros libros de texto...

Además, pese a que a mí personalmente sí me gusta, la música dance/funky/como sea no cuadra muy bien con los años 20 madrileños. El diseño de vestuario y el decorado sí es impresionante, y se nota la mano de Netflix. O quizás debería decir bolsillo. En cuanto al reparto, a mi ver está muy descompensado: Ana Polvorosa (sí, la Lore) sorprende muy positivamente, Maggie Civantos gusta, Blanca Suárez sólo tiene dos expresiones y ambas requieren entreabrir párpados y labios, Yon convence a ratos, Martiño aburre... Puede que no sea culpa suya, puede que sea por los diálogos falsos y forzados, en especial los que ocupan más tiempo en pantalla: los de la inverosímil y aburrida historia entre Lidia, Francisco y Carlos. El personaje de Carlota es bastante interesante pero han decidido sacarle punta a la clásica fábrica de dinero denominada "trío amoroso".



El guión ciertamente engancha, pues no deja de ser una telenovela y todos caemos con este género. Además, es corta, ágil, sin capítulos de relleno, entrañable y se deja gustar con facilidad. Pero le falta una vuelta de tuerca. Creo que el problema está en lo que he dicho antes; podría estar perfectamente ambientada en un pueblo de Singapur, porque la esencia de Madrid y la historia de España son como unas gotas de agua en un puchero: prescindibles.

En resumen, yo diría que la serie debería aprovechar más su ambientación (tanto tiempo como lugar) y a su reparto, dejar de tenerle miedo al feminismo real y abandonar el camino que ya recorren todas las series españolas de tarde. Sé que los de Netflix buscaban eso porque es un género atractivo para los hispanoparlantes, pero creo que un poco de ambición no estaría nada mal. Con todo esto, es una serie que se disfruta y es breve, yo no he sentido que fuera una pérdida de tiempo, si bien un poco decepcionante. Está claro que el primer escaparate de España en Netflix no va a ser un House of Cards, pero si uno pone los pies sobre la tierra y modera sus expectativas hacia esta serie, puede encariñarse con esta cuadrilla de luchadoras. Sororidad, hermanas. 

jueves, 30 de marzo de 2017

Iron Fist



Iron Fist Poster


Netflix ha comenzado la cuenta atrás para su gran joya, The Defenders (Los Defensores), otro escuadrón de superhéroes que tan de moda están en los últimos años. Esta vez, el grupo lo conforman cuatro neoyorquinos, algunos más conocidos que otros. Desde su adaptación a series de TV por parte de Netflix, supongo que realmente los conocemos a todos.

Daredevil fue su primer trabajo, y muy bien conseguido. La oscuridad de Matt Murdock plasmada por fin en una pantalla. Le siguió Jessica Jones (mi favorita) y una segunda temporada de Daredevil con best-villain-ever (o, en castellano, un villano de la hostia). El tercero en discordia, Luke Cage, no causó tanta sensación entre el público como los anteriores, aunque a nivel personal yo disfruté muchísimo viéndola y creo que es la que tiene más personalidad (vaya, Harlem es pura personalidad y eso que sólo es un barrio, y no digamos nada de Cottonmouth).

Iron Fist era el que quedaba por aparecer. Un niño neoyorquino que pierde a su familia en un accidente en el Himalaya, luego es entrenado por los monjes de K'un-Lun y quince años más tarde regresa a Nueva York convertido en el Iron Fist (un arma inmortal) para repartir hostias y demostrar quién manda... O NO.

Iron Fist serie


Resulta que Netflix no quiso esperar tanto para sacar Los Defensores, así que tuvieron que improvisar la temporada entera de Iron Fist en un año (eligieron al actor protagonista en marzo de 2016). Quizás eso explique las licencias que se han tomado a la hora de adaptar el cómic o el mal trabajo de casting. En lugar de un superhéroe curtido y capaz de patear culos nos ha llegado a la pantalla al niño bueno del grupo, con el rostro de Finn Jones.

No es que yo sea una experta en Los Defensores, ni mucho menos. Puedo haber leído sobre ellos, pero el único al que conozco de los cómics es a Daredevil (y nunca llegué a escribir nada sobre lo poco que me gustaba cómo lo habían plasmado en la TV). Así que sobre todo voy a hablar sobre mi opinión de Iron Fist como serie en general.

Empecé a verla el mismo día que la estrenaron. Fui tan lista que me leí, después del primer capítulo, varias reviews y crítica profesional y del público. La opinión general es que la serie era una mierda. Me desanimó bastante, pero continué con ella y con las expectativas bastante menguadas para no hacer sufrir a mi corazón. Suelo recurrir a esta estrategia cuando quiero que algo me guste pero sé que va a ser un turrón (véase Jupiter Ascending). Es por ello que, aunque creo firmemente que Iron Fist es la peor con diferencia de las cuatro series, para mí no llega a la categoría de excremento.

Colleen Wing Iron Fist

La verdad es que para empezar, el casting no ha estado muy fino. No entraré en el tema del whitewashing (es algo serio y real, aunque aquí hay que culpar al cómic y no a la serie), pero ya puestos a elegir a un blanco/caucásico, podría haberse hecho una mejor elección. No sé si es por el guión o por el actor en sí, pero Finn Jones es demasiado blando para un personaje tan maduro. Creo que Netflix ha querido incluir en el grupo al "niño bueno" y le ha tocado al último de la fila hacer ese papel, siendo también el superhéroe más desconocido.

Danny Rand no convence. Demasiado iluso, demasiado ingenuo, demasiado bueno. Cómo narices ha llegado a ser el Iron Fist, nadie lo puede imaginar. Lo peor de todo es que, como viene siendo costumbre, el protagonista no puede quedar soltero. Y lo emparejan con Colleen Wing, el personaje que quizás (después de Daredevil) mejores patadas y puñetazos ha repartido en todas las series de Marvel. Todo lo que el Arma Inmortal debería haber sido. Aun así, Coleen Wing tampoco llega a ser un personaje redondo. Tanto ella como Danny Rand tienen una personalidad un poco oscura, con motivaciones que la serie falla al intentar explicarlas.

En Iron Fist, además, no hay un villano concreto. La lucha de Danny Rand es contra varios frentes al mismo tiempo. Parcelar tanto la atención del espectador no suele resultar, y creo que se ha desperdiciado a un fantástico David Wenham en el papel de Harold Meachum. Daredevil tiene una fotografía y unas peleas increíbles. Jessica Jones tiene al personaje con más carisma y más trasfondo psicológico. Luke Cage cuenta con el escenario y la música más personales. Iron Fist no tiene nada. Ha quedado todo el peso de la serie en hombros del actor principal, y la verdad es que no cumple demasiado bien porque carece de carisma. Un soso, hablando en plata.

De todos modos, para no ser todo negatividad, diré que de las cuatro es la que más rápido he visto. Diría que es la que más "vicia", al menos a nivel personal. Capítulos muy ágiles y no tan espesos como los de las otras series, que siempre caían a mitad de temporada con algún capítulo más lento y reiterativo.

Resumiendo, viendo que se me alarga esta entrada hasta la infinidad, diré que hay muchísimas carencias y quizás el agravio comparativo con Daredevil o Jessica Jones hace que éstas llamen más la atención y el público se vuelva más exigente. Pero la serie se ve con facilidad, es entretenida, tiene buenos personajes como Harold y Ward Meachum (y Trinity, aunque ahora quieran llamarla Jeri Hogarth) y probablemente sea necesaria para entender la futura The Defenders.


domingo, 31 de julio de 2016

Stranger Things, regresan los 80

Primera entrada (de verdad) en meses. Y regreso con la serie de moda, el pelotazo veraniego de Netflix.



Un pueblo en Indiana se ve sacudido cuando, sin explicación alguna, un joven de 12 años desaparece en su camino de regreso a casa. Su madre, su hermano y el jefe de la policía local intentarán encontrar alguna pista que pueda dirigirlos hasta él. Mientras tanto, sus tres amigos del alma deciden iniciar una investigación por su cuenta, que los lleva a encontrar una misteriosa niña de origen desconocido. 

Stranger Things comienza con un un científico corriendo por los pasillos de un laboratorio, huyendo de algo que al parecer logra darle alcance y matarlo. De ese modo, Stranger Things te avisa de que es una serie sin ciertas pretensiones. No quiere ser excesivamente misteriosa, con un secreto altamente guardado que te hará dar vueltas a la cabeza durante horas, ni traer a la mesa el mejor thriller que vayas a poder disfrutar en televisión. No, Stranger Things es una serie paranormal con una historia bastante simple y manida. Si al científico desesperado le sumas niño desaparecido, niña con pijama de hospital en mitad del bosque y gente trajeada que parece del gobierno, uno puede hacerse bastante a la idea de lo que va a pasar durante los próximos capítulos.

Stranger Things es una serie que no sorprende por su guión, como digo, ya que hay explicaciones inconclusas y el final se precipita un poco. Sus ocho capítulos saben a poco, quizás precisamente por eso. A mí personalmente me hubiera gustado que se dilatara un poco más la historia y poder seguir disfrutando de los jóvenes protagonistas: la pandilla de amigos de Will Byers, el chico desaparecido. Porque son ellos quienes dirigen la serie; que los adultos estén en un segundo plano es un desafío a las normas.

Lo que define el éxito (bien merecido, debo decir) de esta serie no es la historia, sino su manera de contarla. Es un auténtico regreso a los años 80. De hecho, no sé cuántas veces habré podido leer en diversas críticas la frase "lo que debería haber sido Super 8". Como no he visto la nostálgica película de J. J. Abrams, me creeré lo que la gente no para de repetir ya que, sin pecar de exagerada, puedo decir que los hermanos Duffer han logrado hallar la perfecta simbiosis entre E.T., Alien y Los Goonies.

Os presento a los nuevos Goonies

Los paralelismos, pese a ser bastante evidentes, no consiguen robarle a la serie su esencia propia. Uno puede entrever sin dificultad alguna la personalidad de Stranger Things, al tiempo que se regodea en los recuerdos de la infancia (soy de los 90, pero me crié viendo películas y series de los 80, como muchos otros - fue una grandísima década). En esa época Spielberg hizo su agosto. Y su influencia en esta serie es innegable. Fue el director de E.T. y el productor de Poltergeist y Los Goonies. Quizás la mención a estas películas tenga más sentido si os digo que la serie va de una pandilla de amigos que encuentran a una criatura (la niña) perdida y sin hogar, mientras que algo paranormal ronda por los alrededores. Revelador, ¿verdad? En la portada sólo falta la silueta de una bicicleta frente a la luna.

Pero el regreso a los 80 no se queda ahí. Hay una adolescente que se enamora del chico más popular del instituto y empieza a abandonar el recto camino que ha recorrido toda su vida, un policía atormentado por su pasado que ahoga sus penas en alcohol y muchos - muchísimos - cigarros, un chico asocial cuya pasión es la fotografía y una pandilla de amigos frikis en la que hay un amante de las golosinas que cecea (o su versión en inglés). La estética, el vestuario, la historia... Todo nos hace pensar en las zapatillas de Marty McFly o el pelazo de Kevin Bacon. Eso sí, por encima de todo, en la cúspide de la majestuosidad de esta serie, está la banda sonora. Culpable de que mi vejiga temblara de miedo en los momentos adecuados y de que le tenga un mayor respeto a los sintetizadores. Es una delicia ver cómo cada detalle encaja perfectamente para darnos un producto muy elaborado, muy ochentero y veraniego, que no pretende superar a otras series, sino conseguir un pedacito del corazón del espectador y quedarse ahí para siempre.



Aventuras, diversión, suspense, ¿terror?, y sobre todo amistad. Una entrañable lección de lo elásticos que son los límites de la lealtad y el amor hacia tus amigos. Sigo pensando que es un acierto dejar que sean los niños quienes cobren más protagonismo y nos guíen en esta aventura con toda su sincera ingenuidad, sobre todo con ese reparto que es un dulce. Los intérpretes de Lucas, Dustin y Mike, junto a la actriz que da vida a Eleven, son un pequeño regalo al espectador. Y Winona Ryder se sale. Puede que a veces su dramatismo se exceda, pero creo que es fácil perdonárselo, viendo el resultado final.

Me ha encantado. Tiemblo al pensar que habrá una segunda temporada y por cómo han concluido la primera es bastante probable que así sea, pero como cada vez que veo algo que me gusta bastante, temo la posibilidad de que la continuación no logre alcanzar el mismo nivel. Aun así, que nada os detenga a la hora de darle una oportunidad a esta gran serie. Cada persona con la que hablo se ha enamorado irremediablemente de ella, y puede que ensalzarla tanto la arruine para quien se cree demasiadas expectativas, pero me cuesta encontrar algún calificativo negativo para la creación de los hermanos Duffer. A los nostálgicos les encantará, a los que busquen algo diferente, también. Muy entretenida, la serie del verano con diferencia.

Y aquí un pequeño regalo para los que ya la hayan visto (¡puede contener SPOILERS!)






miércoles, 2 de diciembre de 2015

La conexión Wachowski: Sense8



Ocho desconocidos ven simultáneamente cómo una mujer se quita la vida desde Chicago, San Francisco, Nairobi, Seúl, Mumbai, Londres, Berlín y México DF. Entre ellos no existe aparentemente ninguna conexión, hasta que comienzan a sentir la lluvia en un día soleado o a escuchar música en una habitación vacía. ¿Será este vínculo mental una carga, o la manera de unir a ocho personas en una?



Los hermanos Wachowski crearon Matrix y desde entonces estoy esperando que produzcan algo a la altura de la trilogía. Jupiter ascending y Cloud Atlas, sus últimas incursiones al mundo del cine, y cuyo estreno esperé con ansias, fueron un poco desastre, para qué negarlo. Pero personalmente creo que con Sense8 se están redimiendo parcialmente (aunque nada puede hacerme olvidar Jupiter ascending, eugh...).

Sense8 no es una serie inolvidable. No es la mejor del 2015 ni la mejor de Netflix. No conseguirá el mayor aplauso de la crítica. Tampoco pasará a la historia o alguno de sus personajes será el próximo Walter White. Sense8, sin embargo, es una de las series más especiales que he visto, y sólo por ello debería ser recordara como uno de los éxitos de los Wachowski. Porque tiene un toque mágico.

Los paisajes son preciosos, especialmente Islandia
Los diálogos son a veces de pena. Inverosímiles, incluso ridículos en ocasiones, parecen en su mayoría sacados de las películas de sobremesa de Antena3. Se hace más complicado aún superar la barrera de los acentos ¿Y toda esa obsesión con el amor? Amor transexual, amor homosexual, amor filial, amor fraternal, amor a distancia y amor a secas. Sense8 necesita pulirse mucho, sobre todo en estos aspectos (el diálogo, por favor, que hagan algo al respecto).

Pero ahí termina mi crítica a Sense8, ya que de lo único que quiero hablar yo es de la conexión. Probablemente gracias a un magnífico y maravilloso trabajo de edición - y a un guión sorprendente, por supuesto -, los Wachowski han logrado que los protagonistas de esta serie conecten con el espectador. ¿El toque mágico del que hablaba? Éste contacto mediante el cual nos vemos transportados a la misma situación que estamos observando en la pantalla.


Es muy complicado sacar adelante de forma equilibrada una serie con 8 protagonistas, y con cada uno en un punto completamente distinto del planeta. Además, hay un villano, sí, pero su presencia resultará insignificante en el viaje a través del día a día de cada uno de los 'sensates' (así se llaman los ocho conectados). Una boda, un robo, una familia desestructurada, un amante secreto... Sus nombres: Kala, Will, Sun, Nomi, Riley, Capheus, Lito y Wolfgang. Con sus conflictos y obstáculos personales, con sus fortalezas y sus miedos, sus secretos... todo ello expuesto, de repente, a ocho extraños que viven a kilómetros de distancia y de los que no hay manera de escapar. Todos están conectados.

Afortunadamente, los actores elegidos son (casi) de la nacionalidad que representan, así como los escenarios donde se grabaron las escenas. Por lo que Sense8 te llevará a rincones maravillosos del mundo: el salvajismo de Nairobi, el tradicionalismo de Chicago, la pasión de México DF, la globalidad de Londres, la inmensidad de Islandia, la rebeldía de San Francisco, la agresividad de Seúl, el exotismo de India, la dureza de Berlín... Ocho personajes que transmiten la personalidad y la complejidad de siete nacionalidades y ocho formas de ver la vida. Y, como ya he dicho, nos resultará fácil hacer esos saltos geográficos de la mano de una edición de lujo, gracias a la cual nos quedaremos fascinados cuando de repente un personaje ya no es él solo, sino que se convierte en la suma de todos.


Reitero lo dicho: Sense8 no es, ni de lejos, la mejor serie de la historia. Pero tiene algo que la hace especial, y es esa manera de enlazar a los protagonistas, de crear con ellos un único pensamiento.Y esa interacción de culturas, religiones, orientaciones sexuales... una manera silenciosa de plasmar la pugna por la libertad y la expresión, de la lucha por lo que uno defiende en un mundo que, pese a ser nuestro, nos impide ser nosotros mismos. Da igual que los diálogos sean mayormente basura, porque en ocasiones pueden ser brillantes.

Sense8 son ocho historias que convergen pero al mismo tiempo se mantienen separadas, preservando su esencia e identidad. Sin caer en el error de dedicar episodios únicamente a un personaje, ni tampoco dejarlo en el olvido, esta serie ha comenzado con muy buen pie. Necesita mejorar, pero es realmente auténtica y espero que la segunda temporada traiga más de lo mismo. Totalmente recomendable, una pequeña joya sin pulir de Netflix que te enamorará por su personalidad, y no por su producción. Ah, y la música.




viernes, 27 de noviembre de 2015

Jessica Jones

Netflix está resultando ser una peligrosa arma contra mis estudios. El día 20 se estrenó la temporada completa de Jessica Jones, y ayer día 25 ya había visto los 13 capítulos que la componen. Para alguien que está pasando 11h fuera de casa, significa que se ha convertido en un pequeño vicio.



Jessica Jones es una superheroína de Marvel desconocida para el público general (aquí su ficha, con posibles spoilers: J.Jones). Su poder consiste en una fuerza sobrehumana, cuyos límites no se ha detenido a explorar. Trabaja como investigadora privada y, aunque no se va exhibiendo como superheroína, tampoco pretende ocultar sus 'dones'. Irascible, irritante, dura y mordaz; la única cosa que teme es a enfrentarse de nuevo a un hombre de su pasado: Kilgrave (el Hombre Púrpura en los cómics). 


Sin haber leído las viñetas originales, sé que la serie se ha separado un poco (o bastante según lo fan que seas de Universo Marvel) de los cómics. Sea este cambio para mejor o para peor, lo cierto es que la serie de Netflix ha resultado. Me gusta, y me anima a ver Daredevil, de la cual he escuchado sólo buenas críticas, y uno de cuyos personajes protagoniza un crossover entre ambas series (para los no familiarizados con el término, implica que un personaje de DD aparece en algún capítulo de JJ). Parece que Marvel se ha tomado muy en serio su proyecto con The Defenders, entre los que se encuentran Jessica Jones, Daredevil, Luke Cage y Iron Fist, los únicos personajes que por el momento tienen sus propias series o están en camino de tenerlas.

El que Netflix, Marvel, o quien quiera que sea, haya decidido hacer una serie de cómics con una superheroína como protagonista es realmente arriesgado. No quiero entrar en un debate sobre géneros, pero la cruda realidad es que los personajes femeninos de Marvel no suelen atraer, ya sea porque tienen pechos y vagina (sinónimo de imposibilidad de ser suficientemente 'guay'), o porque los gustos actuales tienden a ir más hacia lo oscuro y hardcore (se lo debemos agradecer al Batman de Nolan, ejem). ¿Alguien cree en las posibilidades de éxito de una película dedicada a la Viuda Negra? O un ejemplo más cercano, la serie Supergirl, con una recepción más bien silenciosa (y valoraciones mediocres, que puede que se deban al tono más distendido de las series de DC).

Jessica Jones consigue atraer, a mi ver, precisamente por adherirse a esa temática más tenebrosa y lúgubre que encaja con las tendencias del momento. Tiene el perfil perfecto para una alcohólica cabreada con el mundo que la rodea, o que pretende no preocuparse por nada ni nadie precisamente para sostener esa fachada de tipa dura, y así mantener a salvo a quienes le importan (tampoco quiero hacer un análisis psicológico, pues para eso están los cómics). Krysten Ritter se adapta muy bien al papel, aunque no sé si es precisamente por la escasez de registros que se le exigen. Jessica Jones está enfadada los 13 capítulos que dura la temporada y podría decirte que su humor es monocromático - y debo admitir que a mí me encanta.

Luke Cage, casi idéntico a su versión en papel

De Krysten saltamos al resto del reparto. Desde la tiburón de los juzgados que resulta ser Trinity de Matrix (sí, casi me caigo de la silla cuando logré identificarla), pasando por el torso que suplanta a Mike Colter (Luke Cage, que parece no tener razón de existencia si no es con el pecho al aire) hasta la pareja Barbie-Ken que forman Rachel Taylor y Wil Traval; todos ellos actores competentes que dan la talla y logran encajar bien en la serie. Aunque David Tennant no puede evitar arrebatarles protagonismo, y no porque fuera el décimo Doctor Who, sino porque tiene el carisma necesario para interpretar a un villano y conseguir de ese modo darle un gran toque (EL toque) de calidad a la serie. Para mí, el mayor acierto de sus creadores. Absorbe todo. Y su presencia va conquistando poco a poco terreno hasta acaparar por completo toda tu atención.

El *** tiene cara de villano hasta en las capturas

Dejando a un lado las interpretaciones, no puedo juzgar con demasiada severidad el guión o los escenarios (sigue la misma tónica que Daredevil, puesto que también tiene lugar en Hell's Kitchen, el barrio del susodicho), que están a la altura de las previas de Marvel - Daredevil, Agent Carter. Sí me veo obligada a avisar a quien tenga interés en la serie que el primer capítulo es insulso hasta la muerte, pero el segundo es una especia de droga adictiva; es decir, que tenéis cincuenta minutos de misericordia antes de quedar irremediablemente enganchados a una serie. A partir de ahí el ritmo que mantiene Jessica Jones es incesante. Hay algún capítulo que podríamos tildar de 'relleno', y razón no nos faltaría, aunque no afecta demasiado a esa cadencia trepidante que se instaura en cada episodio (los más puristas del mundo audiovisual lo odiarán, pero conmigo ha funcionado con esta serie en concreto).

[Atención: este párrafo no es un spoiler, pero si eres de los que prefiere llegar virgen a una serie, no sigas leyendo y salta al siguiente] Lo que sí he tolerado bastante mal es que nuestra protagonista sea capaz de enfrentar al villano y tenerlo acorralado tan temprano. La segunda mitad de la temporada es prácticamente, y puede que exagere un poco, una sucesión de infortunios enviados por la virgen de Lourdes que ayudan al villano a mantenerse alejado de las garras de Jessica Jones. Es en este aspecto en el que me he sentido más defraudada por el guión. Eso y el final, que me gusta pero sigue pareciéndome demasiado simple (¿quizás es así a propósito?), como si una maratón se resolviera en el último metro... Ah, y casi lo olvido, la gratuidad del rollo lésbico - por favor, que me aporte ALGO, además del morbo.

Concluyendo, pues se aproxima la hora de dormir, Jessica Jones es una serie que puede gustar con facilidad. Es bastante oscura, muy cruda y cruel, lo que en novela negra se denominaría hard-boiled (bravo por el guión, en serio). Además, a diferencia de otras, no se desvía del objetivo de nuestra investigadora, y puede que sea esa fijación con la historia central la que resulte tan exitosa a la hora de enganchar al público (y quizás la excusa para la decapitación por parte de los críticos). Esta serie se adapta muy bien al mundo Marvel, con una protagonista que podría dar la talla si se la uniera al resto de The Defenders y que, en mi opinión, es un soplo de aire fresco entre tanto superhéroe atormentado. Sí, ella también está atormentada, pero tiene un espíritu más pragmático y cínico que consigue encandilar mucho más que el victimismo llevado al límite del dramatismo (en Jessica Jones no hay drama, hay dosis de realidad).

Que sea un crossover con otras series hace imprescindible que quien quiera disfrutarla al máximo tenga que hacer hueco en su agenda para las otras series que Marvel ha creado (y antes de que se estrene Civil War). Si simplemente buscas una serie entretenida con un villano carismático, también la recomiendo. Los fans de J.J. pueden relajarse, porque según he leído, los cambios no son demasiado horribles, aunque yo tendría algún Valium a mano. Por último, los que hayan visto Daredevil previamente puede que encuentren bastantes similitudes en el tono, pero serán conscientes de que Jessica Jones se queda un poco corta en comparación con la serie que todos dicen que es la mejor producción audiovisual de Marvel (pretendo juzgarlo por mí misma en un futuro muy próximo, porque J.J. me ha encantado). ¿Inconveniente? Que la segunda temporada tardará en llegar.