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martes, 9 de mayo de 2017

Las chicas del cable, ¿serie feminista?



Cuatro mujeres que buscan su lugar en el mundo laboral como telefonistas, cada una motivada por una razón distinta y todas ellas con obstáculos que tendrán que superar para poder trabajar en un Madrid de los años 20 que no veía con buenos ojos a las mujeres que tenían un oficio. Las chicas del cable han llegado a la capital para hacerse valer, y no piensan marcharse.

Seguro que a todos les suena el título de esta serie. En las últimas semanas ha estado en boca de todos, y no por ser la primera producción española con Netflix, sino más bien por la polvareda que ha levantado el paso de sus protagonistas por El Hormiguero (las mujeres se dividen entre las que saben perrear y las que no, claro que sí, Pablete) o las polémicas declaraciones de Yon González, uno de los actores del reparto, sobre el feminismo (huelga decir que no son buenas).

Y es que Las chicas del cable ha querido presentarse como una serie con sello feminista. Está protagonizada por cuatro mujeres (y punto, porque Martiño Rivas y Yon González NO son protagonistas pese a que se los describa como tales) y centrada en sus vidas y su lucha por seguir trabajando como telefonistas. Un fantástico comienzo para ser una serie que pretende ser una abanderada del movimiento violeta. Sin embargo, poner a cuatro mujeres al frente de una producción tan importante no es lo único necesario para autodenominarse "feminista". De ahí mi pregunta: ¿es Las chicas del cable una serie feminista o sólo ha querido subirse al carro?



Respondo según mi opinión y con medias tintas: un poco de ambos aspectos. Dependerá en gran parte según el espectador, como suele ocurrir siempre, y su visión del concepto de feminismo. Gustándome como me gustan las listas, haré una clasificando la serie en función de la que yo creo que será la opinión de cada perfil de público.

1. Feministas: me incluyo en este grupo sin lugar a dudas. Aquí viene el análisis más difícil, pues yo me he encontrado en una encrucijada. He visto la serie con mucha ilusión por cómo la habían vendido y para dar un empujón a la visibilidad del feminismo en grandes producciones como ésta; he tratado por todos los medios verla a través de un cristal de positivismo y esperanza. Mala noticia: Las chicas del cable NO es feminista (y las compañeras de Píkara están de acuerdo conmigo). Sí es un soplo de aire fresco, y es cierto que el protagonismo, para variar, recae en los hombros de cuatro mujeres. La serie trata sobre sus vidas y sus conflictos, no se corta ni un pelo en mostrar de manera cruda y sin tapujos cómo era la vida tan castrada de las mujeres españolas de los años 20. Me ha gustado muchísimo ese intento por dar visibilidad a nuestro género, y el concepto en sí me atrae (atraía) bastante.

Pero Las chicas del cable no deja de ser una telenovela y a cualquier feminista que se precie le parecerá irrisoria su asociación con el término. Se trata de un Velvet 2.0, o como sea el culebrón español de moda. Y ahí tenemos a la que lleva la voz cantante, Lidia (el personaje de Blanca Suárez), cuya historia es un triángulo amoroso complicado. Y caemos de nuevo en las mismas; siempre que el protagonismo lo tiene una mujer hay que añadir una historia amorosa para poder darle fuerza al argumento, como si por sí misma no se bastase. [SPOILER: debo decir, sin embargo, que el final logra maquillar un poco este detalle, pues al final Lidia antepone a sus amigas a su romance, una ejemplar demostración de sororidad].

No, no y no. Si quieres vender una serie como feminista, hazlo bien. Cuatro mujeres y sus ovarios, nada más. Con una serie que demuestra que los años 20 no están tan alejados de los actuales pese a que haya pasado casi un siglo. Con unas actrices que al menos se dignen a saber en qué consiste el movimiento feminista (no abráis el enlace si no queréis llorar). Con un actor que no equipare el machismo con el feminismo. Con una productora que en pocas semanas no empiece a sentir miedo de que el título se relacione con la palabra "feminista".

Es triste, porque a veces se atisba una pizca de rebeldía y transgresión: personajes lésbicos, charlas en el Liceo, mención a las sufragistas, apariciones fugaces de Victoria Kent, cuatro mujeres apostando por sí mismas y su amistad... Todo fachada. La serie no pretende hacerse un hueco siendo diferente, sino que ha querido apostar por lo mismo que tenemos todos los días en la sobremesa de nuestro país. Pero no quiero pecar de exigente y elitista, y sí creo que esta serie puede ayudar a las personas que aún no han entrado en contacto con el feminismo a descubrir este maravilloso movimiento, a despertar alguna conciencia, aunque sólo sea a través de un cristal que, más que violeta, diremos que es un lila desteñido.

2. Machistas: ¿para cuándo una serie que refleje los problemas de los hombres? Mimimimimimi.

3. Seriéfilos: no creo que encuentren mucho atractivo en una serie que repite fórmula (insisto, Velvet 2.0) y que no arriesga. Las chicas del cable es un culebrón porque su principal motor son las relaciones personales de las protagonistas. No se adentra en temas más profundos como (ejem) el feminismo y la lucha de las mujeres por empoderarse en una época en la que necesitaban el permiso de su marido para sacar dinero del banco, la Guerra Civil a punto de estallar, la convulsa y preciosa historia moderna española, los avances de la época (como el Rotary, que sólo sirve de excusa en la serie), los personajes que aún recuerdan nuestros libros de texto...

Además, pese a que a mí personalmente sí me gusta, la música dance/funky/como sea no cuadra muy bien con los años 20 madrileños. El diseño de vestuario y el decorado sí es impresionante, y se nota la mano de Netflix. O quizás debería decir bolsillo. En cuanto al reparto, a mi ver está muy descompensado: Ana Polvorosa (sí, la Lore) sorprende muy positivamente, Maggie Civantos gusta, Blanca Suárez sólo tiene dos expresiones y ambas requieren entreabrir párpados y labios, Yon convence a ratos, Martiño aburre... Puede que no sea culpa suya, puede que sea por los diálogos falsos y forzados, en especial los que ocupan más tiempo en pantalla: los de la inverosímil y aburrida historia entre Lidia, Francisco y Carlos. El personaje de Carlota es bastante interesante pero han decidido sacarle punta a la clásica fábrica de dinero denominada "trío amoroso".



El guión ciertamente engancha, pues no deja de ser una telenovela y todos caemos con este género. Además, es corta, ágil, sin capítulos de relleno, entrañable y se deja gustar con facilidad. Pero le falta una vuelta de tuerca. Creo que el problema está en lo que he dicho antes; podría estar perfectamente ambientada en un pueblo de Singapur, porque la esencia de Madrid y la historia de España son como unas gotas de agua en un puchero: prescindibles.

En resumen, yo diría que la serie debería aprovechar más su ambientación (tanto tiempo como lugar) y a su reparto, dejar de tenerle miedo al feminismo real y abandonar el camino que ya recorren todas las series españolas de tarde. Sé que los de Netflix buscaban eso porque es un género atractivo para los hispanoparlantes, pero creo que un poco de ambición no estaría nada mal. Con todo esto, es una serie que se disfruta y es breve, yo no he sentido que fuera una pérdida de tiempo, si bien un poco decepcionante. Está claro que el primer escaparate de España en Netflix no va a ser un House of Cards, pero si uno pone los pies sobre la tierra y modera sus expectativas hacia esta serie, puede encariñarse con esta cuadrilla de luchadoras. Sororidad, hermanas. 

martes, 16 de febrero de 2016

Honor y reputación





Spoilers: Temporada 2 Capítulo 1

Anoche regresó la serie española más esperada de la temporada (¿podríamos decir del año?) con nuestra patrulla preferida. El interés del público por esta serie no sólo viene dado por su gran calidad, su exitoso formato y el 'boca a boca' (incluso diría que el hecho de que termine a una hora bastante prudente ayuda a enganchar a cierto público). También es en parte gracias a la gran labor de los CM en las redes sociales. El Facebook de El ministerio es un gran aliado de la serie, junto con las bromas en Twitter.

Pero volviendo al capítulo de ayer, que es lo que nos ocupa, diré que no pudo haber sido mejor. Ya el final de la primera temporada fue impactante, aunque más bien lo describiría como precioso con la aparición de Lorca (y uno de mis poemas preferidos). La tragedia de Julián, con la de Amelia de fondo, por fin se cierra de la manera más lamentable posible. El atropello de su mujer dio pie a mil teorías sobre la solidez de los viajes en el tiempo que se ven en El ministerio y cuya naturaleza no termina de convencer a los más puristas de la ciencia ficción. Si bien es cierto que se podrían encontrar incongruencias en el eje temporal de la serie y los saltos en el tiempo, ése no es el objetivo sobre el que centrar nuestra atención, sino en la estructura de los episodios y la historia de los protagonistas, la acción y los pedacitos de Historia que nos regalan.

En Tiempo de leyenda, nombre del capítulo de anoche, recuperamos a El Cid. Figura conocida por todos los españoles, en esta ocasión no aparece como sí mismo, sino suplantado por un trabajador del Ministerio. Me ha gustado que por primera vez el objetivo de la patrulla no sea recuperar a toda costa la vida del personaje histórico, sino de que la historia en sí no cambie, aunque quien haya estado viviendo como Rodrigo Díaz de Vivar sea un español del s.XX separado de su familia. Nuestros protagonistas incluso le "dejan morir", es decir, no intervienen para salvar su vida y remover todas las aguas para poder llevarlo de vuelta a su época, un cambio respecto a la dinámica de la temporada anterior.

Por otro lado, Julián asume finalmente (en parte obligado por el sello colocado en la puerta que usaba para visitar a su mujer) que no puede arriesgar tantas vidas sólo por modificar el destino de su mujer. En la web de RTVE le han dedicado un podcast de ficción donde seguir sus aventuras caribeñas. Mi teoría sobre su desaparición al final del capítulo es que ha marchado a Cuba no por cuestiones humanísticas, sino para ejercer de marido de Amelia, aunque aún no he logrado comprender (ni tampoco me interesa mucho hacer elucubraciones) en qué medida puede ayudar eso a su compañera. Compañera que, dicho sea de paso, asume cada vez con mayor fuerza su posición de líder, incluso con una pareja tan bien avenida como Spínola y Entrerríos. Se echa de menos a Julián, pero quizás venga bien deshacerse durante un tiempo del drama con el que carga el personaje y dar la bienvenida a esta nueva pareja de héroes que hacen las veces de dúo cómico.

En este episodio vuelve a sorprender el realismo de las recreaciones de personajes: Charlton Heston, Spinola, el habitual Velázquez o Menéndez Pidal. Y se recupera la risa fácil y sencilla (el "zorra", el "yipi ka yei", el "sayonara baby" o los grandes momentos del ADN), incluso recurriendo a iconos de internet como El negro de Malviviendo en uno de los mejores momentos del capítulo, o ¿rompiendo la cuarta pared? haciendo referencia a una posible serie sobre ellos (un detalle soberbio). Si algo me gusta bastante de El ministerio del tiempo es su capacidad para hacernos reír en una medida justa que no satura pero que nos recuerda que estamos viendo una serie española de grandísima calidad, pese al momento cartón-piedra de las infinitas líneas enemigas árabes hechas por ordenador de aquella manera...

Ministérica como soy, me alegro muchísimo de que el regreso de nuestros funcionarios preferidos haya sido con una apuesta tan fuerte como lo es la desaparición de Julián y el regreso de Irene. ¿Qué será de Lola Mendieta en esta temporada? Creo que Amelia y ella dejaron asuntos sin solucionar, y que volverá para dar mucha guerra. ¿Qué papel tiene Susana Torres, interpretada por Mar Saura? Al parecer Salvador tiene que responder "órdenes de arriba", pero todavía no sabemos ni de quién ni de dónde realmente. Muchos secretos en un Ministerio en el que nuestra patrulla tendrá que recuperar a su tercer miembro. Sólo pido que no hagan que el personaje de Amelia se enamore del de Julián. 

lunes, 30 de marzo de 2015

La sorpresa de TVE: El ministerio del tiempo

Ya acertaron con Isabel, y han vuelto a repetir fórmula. Los hermanos Olivares traen a la pantalla española El ministerio del tiempo, una serie de ciencia ficción que sólo ha ganado buenas críticas desde su estreno el 24 de febrero. Con tanta alabanza (algo que no acostumbramos a repartir en España), lo normal hubiera sido que yo terminara decepcionada, pero lo cierto es que sólo ha conseguido que me una a esa marea de fans que se está creando en nuestro país.



El ministerio del tiempo deja poco a la imaginación al tener ese título. Protagonizada por tres individuos de siglos completamente diferentes (Aura Garrido, Rodolfo Sancho y Nacho Fresneda), nos hará viajar por las distintas épocas de la historia de nuestro país gracias a unas inexplicables puertas del tiempo que controla un Ministerio español secreto, cuya misión es proteger nuestra era actual e impedir que la historia se altere, que todo se mantenga tal y como hemos leído en los libros. Un soldado de Flandes al más puro estilo de Alatriste, un enfermero cosmopolita viudo y una de las primeras mujeres españolas en estudiar en la Universidad; los tres formarán un equipo que visitará la España de la independencia, la de Franco, la de Lope de Vega...



Hacen falta más series como estas. En los últimos años, la televisión española ha arriesgado bastante con nuevas fórmulas. La mayoría son un desastre, pero de vez en cuando se escapan grandes trabajos como éste. No es una carrera de competición con países como Reino Unido o EEUU, con un bagaje televisivo importantísimo. Pero el hecho de que la cultura nacional esté resurgiendo, pese a lo difícil que es en España llevar la cultura a buen puerto, es un signo de que en este país se puede aspirar a más (y con "más" me refiero a que podemos superar la telebasura que suponen La que se avecina y similares...).

El ministerio del tiempo me ha sorprendido para bien. Porque el reparto es más que decente (aunque Cayetana Guillén Cuervo sigue pareciéndome un alien) y el recurso de los viajes en el tiempo, lejos de ser mal empleado, ha sido aprovechado de forma muy interesante, creando una serie de ciencia ficción procedimental (es decir, con capítulos autorresolutivos) con un humor que no cae en lo absurdo o lo vergonzoso. Probablemente su presupuesto la limite en muchas ocasiones, pero por el momento no he visto ninguna carencia en vestuario o escenarios. No será la mejor serie de ficción histórica que exista, pero sí ha sido capaz de superar todas las expectativas y, por supuesto, a todas sus compañeras de parrilla.

Los protagonistas en su primera misión

Quizás porque me gusta mucho la historia de España, o tal vez porque los capítulos son independientes y entretenidos. Puede que simplemente porque han acertado al crear los perfiles de los protagonistas, o más bien porque el humor tontorrón me ha convencido junto a todos esos cómicos guiños históricos. El caso es que El ministerio del tiempo es una serie que todo el mundo debería ver, o al menos darle la oportunidad de caerle bien al espectador, y no me cansaré de recomendarla (¡por el momento!).

Aunque, sinceramente, lo que me conquistó fue ver a Julián Martínez (Rodolfo Sancho) en la España de principio del s.XIX haciéndose llamar Curro Jiménez (que fue interpretado por el padre de Rodolfo, el eterno Sancho Gracia). Estaré pendiente de la evolución de la serie, pero por ahora puedo decir con seguridad que en TVE han acertado de pleno. 

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Crematorio



Nos quejamos del producto nacional y siempre miramos hacia el otro lado del charco. Pero confiar a veces en lo español te puede dar una sorpresa. Crematorio es una serie ibérica, pero una serie magnífica. Su única temporada me ha sabido a poco.

Crematorio gira en torno a la corrupción urbanística y la familia española, todo ello reflejado en un espléndido protagonista interpretado por Pepe Sancho: Rubén Bertomeu, constructor afincado en Misent (una localidad de Alicante que, como veréis en los mapas, realmente no existe) que comenzó sus andaduras en el mundo del ladrillo intentando edificar la propia finca familiar. En el primer capítulo se destapa un negocio turbio en un tanatorio, cuyo dueño tiene una relación y un pasado común con Rubén; a partir de entonces la policía intentará derribar al empresario millonario que durante tantos años ha perseguido muy de cerca. Pero la ley no es la única que perturbará la paz (Toda la paz del Mediterráneo, como se titula el primer episodio) de Bertomeu, pues su familia y sus dudosos 'socios', con los que se ha construido un delicado castillo de naipes corrupto, demostrarán que la confianza es un espejismo.

Con un reparto que al leer nombres no emociona, Pepe Sancho brilla indudablemente al retratar a un hombre poderoso con un talento nato a la hora de conseguir lo que necesita, confiado y consciente de su riqueza, franco, tenaz, duro. No obstante, mi sorpresa ha sido ver cómo las mujeres de su familia (su hija, su nieta, su pareja) están a la altura de un gran actor como lo es Sancho. Borrachero es, sin duda, la que más destaca. No hay el menor atisbo de algo por debajo de la mediocridad en ninguno de los personajes, incluido el más secundario de todos. Quizás la que más agota es la nieta, interpretada por Aura Garrido (sobre todo el tema con el fotógrafo), pero es una simple mota de polvo en un cristal impoluto.

Alicia Borrachero - Juana Acosta - Aura Garrido 

Crematorio es una serie impecable. Quizás se le puede exigir una mejor canción de apertura (por el hecho de no tener nada que ver con la serie; yo, personalmente, no tengo nada que objetarle a Loquillo), un guión con más gancho, no tan pausado o algún que otro capítulo más. Porque Crematorio te deja con ganas de más.

Estamos acostumbrados a que las series españolas tiren del cajón del humor. Ésta no. Mantiene un tono solemne, dramático y aséptico, tal y como es el personaje de Rubén. La tensión entre el portentoso clan Bertomeu, el peligro acechante de la mafia rusa, la persecución judicial a todos sus socios y los flashbacks (brillante recurso, por cierto, para dar sentido a muchas escenas) que nos explican cómo se ha construido el mundo del protagonista son un aliciente más que suficiente para mantenernos enganchados a la pantalla, sin necesidad de escuchar algún chiste barato. Tampoco tendremos que sufrir la baja calidad de imagen y sonido (y actuación) que llevamos acusando tantos años en la TV española.

Está basada en una novela de Rafael Chirbes, aunque el autor ya mencionó que la serie se alejaba bastante de la intención que él había tenido al escribir el libro, pues ésta era más cruda y más centrada en la corrupción. Adiós al guión costumbrista, en el que siempre habrá incluido un matrimonio de barrio y un cliché. Crematorio es un trabajo creado con seriedad, cuidado y elegancia. No sobra ningún diálogo y no tendremos ninguna sensación de déjà vu - no se parece en nada a cualquier serie castellana barata. Gracias a dios. Es una verdadera lástima que sólo pudiera emitirse en Canal+ y de forma muy silenciosa en LaSexta, ya que merece que cada español le dedique sus ratos libres para disfrutarla.

A lo largo de los ocho (cortos pero intensos) capítulos veremos cómo Rubén se enfrenta al casi rechazo de su madre e hija. La primera, por sentirse traicionada al ver los cambios surgidos en su hijo, su ambición y las constantes comparaciones con su fallecido hermano, por la importancia de la tradición y de dejar las cosas tal y como están. La segunda, por el desinterés que muestra hacia lo que le rodea; Rubén sabe que puede pisar a cualquiera y no se molesta en ir por el camino correcto.

Y a medida que el personaje ficticio de Bertomeu se va convirtiendo en la portada de los periódicos, podemos observar el pan nuestro de cada día. ¿Qué es lo que nos sobra en este país? Corrupción, malversación, delito. No puedes evitar admirar a Bertomeu por la estupenda interpretación de Sancho, pero estamos hartos de que en la actualidad todos los empresarios o políticos nos hagan lo mismo. De la mano de este magnate del ladrillo podremos ver cuán amplio es el alcance del dinero, y cómo afecta a la existencia de los que se sumergen en ese estilo de vida.

Sin embargo, el punto de autocrítica lo conoceremos al final de la miniserie. Como humanos que somos, vemos la paja en ojo ajeno y no la viga en el nuestro. Al final, todos callamos cuando llega la hora de la verdad, porque una barriga llena se queja menos.

"Tranquilo. No se puede parar, Rubén. No olvides que todo el país vive de esto".

domingo, 29 de junio de 2014

Empezando Crematorio

Constructoras españolas. Alicante. Corrupción. ¿No huele a folclore? Vaya forma más magnífica de comenzar una serie española sobre personajes españoles. Todo muy digno de la actualidad en el país.

Leí en algún periódico una crítica de "Crematorio" que me llamó la atención. La añadí inmediatamente a la lista de series pendientes, pero hasta ahora no le di la oportunidad. El cine y la televisión española están mejorando en los últimos años, pero eso no evita que sigan emitiendo basura, así que no estoy muy dispuesta a decepcionarme y perder mi tiempo (vale, sé que es irónico viniendo de alguien que convierte la obnubilación en un arte).

Luego, en FilmAffinity vi que un amigo la había puntuado con un 8/10 y, sabiendo que sus gustos por norma general coinciden con los míos, me puse con ella. Bueno, acabo de terminar el primer capítulo, "Toda la paz del Mediterráneo", que supongo que se llama así porque precisamente es la paz lo que van a perder Pepe Sancho y compañía.

Sinopsis
La serie va, sencillamente, del exitoso Rubén Bertomeu (interpretado por el grandísimo y maravilloso Pepe Sancho) que, como el 99% de los empresarios que habitan en nuestro querido país está envuelto en algunos asuntillos de corrupción, y según parece en el primer capítulo va a tardar poco en despedirse de sus privilegios. Coacción, chantaje, una familia con la que no parece tener buena sintonía, un perrito faldero que hace las veces de matón, una novia tres veces más joven... Y el detonante son cadáveres humanos y de caballos (des)enterrados en un picadero.



Parece una serie cualquiera, pero mi primera impresión es que tiene gran calidad y que Pepe Sancho es un maestro. Me gusta, pienso seguir viéndola y, sobre todo, no pienso saltarme el opening:


(Loquillo - Cruzando el paraíso)


Simple cuestión de tiempo,
llegar al precipicio,
yo bajando a los infiernos y
tú cruzando el paraíso
.