sábado, 27 de junio de 2015

Vacunas, la herramienta del diablo

Hoy ha muerto en Olot el niño afectado por difteria. Para los que no vean las noticias, hace un mes fue ingresado en el hospital Vall d'Hebron un menor que no había recibido la vacuna contra la difteria y, desgraciadamente, había contraído la enfermedad. El primer caso desde 1987 en España.

Con esto, se ha reabierto el debate de las vacunas. ¿Qué mentiras y verdades nos han contado sobre ellas?

¿Qué es una vacuna y cómo funciona?
Definición de la RAE: "Virus o principio orgánico que convenientemente preparado se inocula a una persona o a un animal para preservarlos de una enfermedad determinada." Debe su nombre a Jenner y la viruela vacuna (aquí la historia, para los interesados).

Las vacunas son suspensiones de microorganismos (microorganismos "muertos", microorganismos fragmentados, microorganismos atenuados o partículas pertenecientes a un microorganismo) que activan la inmunidad de la persona que la recibe, para que sea capaz de frenar la infección de ese microorganismo la próxima vez que se enfrente a él. 

Digamos que la vacuna forma al "ejército" que tendrá que combatir contra la infección. Usa la inmunidad del propio paciente. Es decir: cuando te pones la vacuna contra el sarampión eres TÚ quien va a crear los anticuerpos y la memoria inmunológica que se enfrentará al virus; NO es la vacuna quien te defiende, sino tú mismo

Los calendarios van variando cada pocos años


¿Por qué nos vacunamos sólo de algunas enfermedades?
Las vacunas son producto de la investigación e ingeniería biomédica. Como casi todo en esta vida, su creación depende de los conocimientos actuales y del avance científico. Lo ideal sería tener una vacuna para todo, pero desgraciadamente no todas las enfermedades son tan fáciles de frenar como la viruela o la polio (cuyas vacunas condujeron y pueden conducir a la erradicación de la enfermedad, respectivamente). No se han podido crear vacunas para todo, aunque el tiempo dirá.

Dicho esto, mucha gente se pregunta por qué hay vacunas que, aun existiendo, no las usamos. Esto es más difícil de explicar. Cada país (y, en España, cada Comunidad) decide qué vacunas deben ser incluidas en su calendario vacunal. Aquí entran en juego diversos factores, que todos podemos imaginar, pero mencionaré los más importantes: coste y beneficio. La eficiencia en resumidas cuentas. 

La sanidad en España funciona así (por ser universal y 'gratuita'), pero lo ilustraré con un ejemplo. En el servicio del hospital de Jerez se pueden hacer RMN (resonancias, para los amigos) de urgencia. Cada RMN cuesta, según qué parte del cuerpo, entre 200€ y 400€, un precio nada desdeñable. ¿Por qué no hacemos una resonancia a cualquier persona que aparezca por el servicio de Urgencias? Un motivo es obvio: el precio. El segundo motivo, quizás más difícil de ver para algunos, es la inutilidad. Hacer RMN sistemáticamente a todo el que aparece por la puerta no va a servir para nada, porque a lo sumo podemos encontrar una hernia lumbar no diagnosticada, pero para el resto de las personas no va a suponer ningún beneficio. Y otra cuestión en el aire es, ¿a quién le estaríamos quitando el dinero empleado en costear todas esas RMN? Porque cuando inviertes tanto dinero en algo, muy probablemente estás recortando en otra parte. La justicia y equidad son primordiales en un sistema de salud como el español. Hay que ofrecer las cosas a quien realmente las necesita. 

Con esto llegamos a un término médico muy polémico: la indicación. Las indicaciones son las circunstancias o situaciones que justifican el realizar una prueba diagnóstica o aplicar un tratamiento. Por ejemplo, la indicación de cirugía de un aneurisma de aorta abdominal asintomático es que éste tenga más de 5'5cm de diámetro. Por debajo de esa cifra, no hay indicación quirúrgica, y por tanto no se operan. Es una manera de evitar la iatrogenia (el daño causado por la intervención médica), en casos en los que el tratamiento va a poder causar más daño que el dejar que la situación evolucione por sí sola. 

Con las vacunas pasa igual. Hay que evaluar cuándo es necesario ofrecer una vacuna y cuándo es primordial gastarse millones de euros en proteger a una población entera. La prevención no siempre es poblacional, hay muchos casos en los que es mejor la prevención individual (por ejemplo, la vacuna de la varicela en Andalucía sólo se pone a los que cumplen los 12 años y que no han pasado previamente por la varicela; la gripe va cambiando de vacuna cada año y por eso sólo se recomienda a la gente con alto riesgo como los ancianos). La Asociación Española de Pediatría (AEP) diferencia tres grupos de vacunas: las sistemáticas, las recomendadas y las de grupos de riesgo. Establecer qué vacunas pertenecen a cada grupo no es tan fácil como parece.

Por mucho que a la gente le guste llenarse la boca diciendo que la AEP o el Gobierno están comprados por las farmacéuticas y que sólo se mueven por el dinero, lo cierto es que en temas de vacunas la cosa es más compleja. Hay que poner en la balanza muchísimas visiones, y no hay que ser un filósofo heleno para darse cuenta de que la verdad absoluta no existe y nadie está en posesión de ella. Si tan fácil fuera decidir qué vacunas hay que incluir en el calendario, no existirían tantas diferencias entre países occidentales, algunos con sistemas de sanidad basados en seguros privados y otros sin las dificultades económicas que nosotros sufrimos. 

Creo que me estoy enrollando, pero espero haber dejado claro (o al menos, haber despejado algunas dudas) que no todo el monte es orégano.

Precisamente son los niños los que más se benefician de las vacunas!!


¿Por qué las vacunas no son obligatorias en España, si son "tan buenas"?
Aquí me voy a arriesgar. No sé exactamente por qué no son obligatorias, pero me lo puedo imaginar. 

La Ley 41/2002, conocida como la Ley de autonomía del paciente, apareció por la necesidad de acabar con el paternalismo médico. La persona, por el simple hecho de ser persona, es libre (al menos en España), siempre dentro de unos límites. Y por tanto es suya la capacidad de elegir y decidir como mejor le plazca. Esta ley es la que obliga a los sanitarios a respetar esas decisiones, entre muchas otras cosas. 

El médico antiguamente era una figura casi omnipotente. El paciente callaba y asumía que el médico siempre iba a saber más que él, por lo que cualquier recomendación suya había que seguirla como si fuera una orden ministerial. A día de hoy la cosa ha cambiado. El médico sigue sabiendo más sobre medicina (que la carrera dure seis años tiene sus motivos, y es que no todo se puede saber buscando en Google), del mismo modo que un arquitecto sabrá más de arquitectura. Pero el paciente no tiene por qué seguir los dictados del médico. Es libre para decidir, tiene autonomía. Las intervenciones médicas jamás se harán sin que el paciente dé su permiso, de ahí el nacimiento del consentimiento informado, la expresión máxima del poder que tiene un paciente sobre su cuerpo, su salud y su manera de enfrentarse a la enfermedad. 

Esto significa que una persona que acude a la consulta de un pediatra puede decidir, libremente, no vacunar a sus hijos (hasta los 12 años existe lo que se llama patria potestad, y lo que los padres digan va a misa). Muchas veces el médico nos receta algún medicamento y nosotros decidimos ignorarlo, porque no nos convence, así que con las vacunas no puede ser de manera diferente. Si aún no os convence mi razonamiento, vayamos al otro extremo: un paciente terminal que prefiere recibir únicamente tratamiento paliativo (morfina) en lugar de someterse a cualquier cirugía o procedimiento, porque entiende que ésa es la forma más digna de morir. Está ejerciendo su derecho a decidir sobre su salud y enfermedad

Ahora bien, muchos dirán que el no vacunarse afecta no sólo al que lo decide, sino a los de su entorno, al exponerlos a la posibilidad de contagio. Ahí es donde entra la segunda parte: "dentro de unos límites". La legislación española permite al Estado intervenir en caso de riesgo de salud pública. Una orden judicial puede obligar a unos padres a vacunar a sus hijos, llegados a un punto de riesgo. 

La inmunidad de rebaño es la que nos protege frente a enfermedades como el sarampión de forma global. Consiste en que, si tú no te vacunas, es improbable que te contagies gracias a que tu entorno está vacunado y por tanto impide la propagación del microorganismo. Se estima que el 95% de la población debe estar vacunada para que exista inmunidad de rebaño. Cuando ese porcentaje empieza a disminuir, se crea una situación de riesgo de salud pública por lo que ante un brote de sarampión, por ejemplo, el juez puede intervenir con una vacunación forzosa. Sin embargo, el 5% no vacunado se supone que deben ser personas con contraindicaciones o situaciones especiales en las que no pueden ser vacunados (por ejemplo, la triple vírica y la de la gripe no se pueden administrar a los alérgicos al huevo; los niños con leucemia o algún cáncer tampoco pueden vacunarse y están muy expuestos), que tendrían que ser supuestamente los 'únicos' beneficiarios de la inmunidad de rebaño (y no los anti-vacunas).

Conclusión, aunque sería deseable, nadie puede obligar a una persona a someterse a una intervención médica (las vacunas lo son) en contra de su voluntad, exceptuando casos muy concretos previstos por la ley. Sería anticonstitucional coartar la libertad de esas personas, sin motivos suficientes para ello.


Las vacunas son peligrosas
Una 'operación salida' en agosto tiene más riesgo de muerte que una vacuna. Aun así, en verano la mayoría cogemos el coche para tomarnos unas vacaciones. Estamos asumiendo un riesgo por un beneficio. Los anti-vacunas son los que prefieren quedarse en su casa durante los tres primeros días de agosto.  

Las vacunas no están exentas de efectos indeseables. Ninguna medicación, prueba diagnóstica o intervención médica está exenta de riesgos. NINGUNA. Hasta un simple consejo médico puede ser catastrófico, si está mal hecho (recomendar hacer ejercicio a un cardiópata severo, sin especificar qué tipo de ejercicio le conviene, puede ser fatal). Saltando esta obviedad, las vacunas en su mayoría tienen efectos secundarios leves, como enrojecimiento o fiebre, y no las terribles consecuencias que a veces se rumorean.

Pero últimamente se han extendido grandes mitos que sólo están haciendo daño a nuestro sistema vacunal:

- Las vacunas producen autismo.
En 1998 Andrew Wakefield publicó este artículo en el Lancet (de las revistas más prestigiosas y de mayor impacto en el mundo médico), en el que relacionaba el autismo con las vacunas. Como se puede ver, el encabezado está estampado con unas letras gigantescas en rojo ("retracted"), ya que la revista retiró el artículo por no tener fundamento ninguno. Además de las violaciones éticas (los estudios deben pasar por un comité de ética para poder llevarse a cabo), los resultados no se pudieron reproducir y se demostró que las conclusiones estaban falseadas. Lo cierto es que el estudio de Wakefield estaba impregnado por un profundo conflicto de intereses, ya que el objetivo del mismo era conseguir promocionar su propio producto. Esto es lo que se conoce como fraude (el pobre hombre fue expulsado e inhabilitado por el Colegio de Médicos).

- El riesgo de sufrir sarampión vacunal es mayor que el de sufrir sarampión. 
La vacuna del sarampión tiene entre sus efectos secundarios la posibilidad de provocar un sarampión vacunal. El riesgo de que tu hijo sufra un sarampión vacunal tras vacunarlo es mayor que el riesgo de que adquiera la enfermedad en un entorno natural sin haber sido vacunado. ¿Cómo es esto posible? Bien, de nuevo retomamos el término 'inmunidad de rebaño' explicada anteriormente. 

Si a tu alrededor todo el mundo está vacunado, es prácticamente imposible que tengas la desgracia de contagiarte (no existen focos de contagio, porque el sarampión no puede infectar a nadie a tu alrededor, de manera que ninguna persona puede transmitirte el microorganismo). Así, paradójicamente, el riesgo de enfermar disminuye tanto que se sitúa por debajo del riesgo de sufrir un sarampión vacunal (que es ínfimo, también). Ahora bien, si tu entorno la gente deja de vacunarse, las cifras se invierten y tu riesgo de infectarte por el virus aumenta exponencialmente (muy por encima del riesgo de sufrir sarampión vacunal, que recordemos que es prácticamente anecdótico). 

Es lo que ocurrió en Granada hace unos años. La población (un barrio granadino) tenía una tasa de vacunación muy inferior al 95% recomendado para que exista inmunidad rebaño, con lo cual surgió un brote importante de sarampión y prácticamente todos los niños de un colegio tuvieron que ser tratados. De ahí la importancia de vacunar sistemáticamente. Solidaridad con el vecino. Si no vacunas a tu hijo, estás disminuyendo la inmunidad de rebaño y por tanto exponiendo a los otros niños de tu entorno.

- Las vacunas tienen aluminio y mercurio.
Sí, algunas los tenían. Creo que ya no se incorporan a las vacunas porque no son necesarios. Pero, de cualquier modo, las cantidades de aluminio y mercurio incorporadas en las vacunas son tan mínimas que comiendo un filete de atún las estamos quintuplicando (o más). La leche materna, tan necesaria, tiene mayor concentración de aluminio que una vacuna. Conclusión: sí, están presentes en algunas vacunas (e incluso yo diría que ya apenas queda alguna con estos metales), pero a unas cifras de las que te puedes reír tranquilamente. 

- Hay pediatras que no recomiendan vacunar a los niños.
Lo primero de todo: permitidme que ponga en duda esto. Un pediatra, con su formación y conocimientos, jamás diría que no es necesario vacunar a tu hijo. Más plausible es que no haya intentado convencer a unos padres que no quieren vacunar a sus hijos de lo contrario (recordemos la inmunidad de rebaño). Pero en el hipotético e incomprensible caso de que así fuera, además de quitarle el título a ese señor, habría que tener en cuenta que todos podemos cometer errores. Quizás este pediatra esté mal informado. Hay médicos que fuman, y todos estamos de acuerdo en que el tabaco es malo. 

¿Qué hacer con los anti-vacunas?
Nada. Seguro que todos hemos tomado decisiones equivocadas y el hecho de que nuestros padres nos lo digan reiteradamente no nos hace cambiar de idea. Sólo el tiempo y nuestra propia convicción nos pueden permitir modificar conductas o pensamientos. 

La gente que está en contra de las vacunas no son tres idiotas sin formación, como mucha gente cree. El hecho de que estén en contra de algo tan socialmente aceptado, como lo es la utilidad de las vacunas, es sólo el resultado de una información muy bien transmitida. Convencer a un anti-vacunas (qué palabra más fea, la verdad) de que vacune a su hijo no es nada fácil, porque tienen en sus manos mucha información que, pese a ser errónea, no todo el mundo puede refutar en una consulta. No se está discutiendo con niños o personas fácilmente influenciables, en la mayoría de casos, sino con personas con gran conocimiento sobre la versión más polémica de las inmunizaciones. A eso hay que añadir una posible vertiente ideológica muy arraigada (no seré yo quien convenza a un franquista de que Franco fue muy mala persona). 

Probablemente lo mejor que pueda hacer el médico en esa situación es informarle detalladamente, dentro de sus posibilidades, de las ventajas de seguir el calendario vacunal. Jamás hay que caer como un mazo de justicia divino sobre aquellos que han decidido no vacunar a sus hijos. 

Sí, son irresponsables al poner en riesgo la vida de los pequeños. Sí, nos cuesta entender por qué actúan así. Pero errar es humano y, en el caso de los padres del niño de Olot con difteria, creo que suficiente horror es haber perdido a un hijo, como para que la presión mediática y social caiga sobre ellos. Deben asumir las consecuencias de sus decisiones, mal encaminadas, pero quizás hay que tener en cuenta que ellos no tienen la culpa de haber sido tan mal informados. ¿Puede que el médico les haya fallado en ese sentido? 





Injusto, de verdad

Para terminar, diré que es una verdadera lástima que se llegue a esta situación. La potabilización del agua y las vacunas son quizás los mayores avances de la HISTORIA (no sólo de la ciencia). Que estemos aún intentando llevar a rincones del mundo estos 'privilegios', cuando en nuestros países hay gente que los está rechazando, pese a tenerlos garantizados, es deprimente y aterrador. 

En países de Asia aún se hacen colas para poder conseguir una dosis de vacuna contra la polio, cuando en España el último caso lo tuvimos en el 88; una enfermedad que podría ser erradicada como la viruela si se pudiera vacunar a todo el mundo. Qué injusticia. 


1 comentario:

  1. A pesar de todos los esfuerzos médicos, el niño infectado con difteria, y que no había sido vacunado porque sus alternativos padres no creían en las vacunas, acaba de fallecer. ¿Y ahora quien se hace responsable de esta muerte? ¿Los ignorantes padres? ¿Los chamanes antivacunas que les engañaron? ¿La liga por la libertad de la Vacunación? ¿Las empresas homeopáticas que venden "vacunas" azucaradas? ¿Los defensores de esa medicina alternativa que dice que los patógenos no existen o no pueden infectar si tenemos correctamente alineados los chacras con la energía cósmica? http://diario-de-un-ateo.blogspot.com/2015/06/el-nino-con-difteria-de-olot-ha.html

    ResponderEliminar